En Bolivia es Lau Malbec. Pero su nombre de pila es Laura Decurnex. Es argentina de raíces francesas. “Se me ocurrió homenajear a la cepa más importante de mi país. Es mucho más fácil acordarse, escribir y pronunciar Malbec que mi apellido Decurnex”, aclara.
Podría ser una causalidad y no una casualidad que Lau comparta con la misma cepa algunas características. Imaginemos: El Malbec es de origen francés. Lau también tiene herencia gala. El Malbec es un vino penetrante. Lau debe ser intensa. El Malbec se adecúa al terroir. Lau se instaló en Bolivia. El Malbec tiene aromas a cerezas, frutillas y ciruelas. A Lau le deben gustar los frutos rojos. El Malbec es adaptable en boca. Lau debe ser versátil. El Malbec marida muy bien con carnes. A Lau le deben gustar los asados como buena rio platense.
Más allá de la imaginación. Lau es una mamá feliz. “Supe enfocar mi profesión de sommelier para darle tiempo a mis hijos. Eso significa priorizar más momentos en casa y compartir lo que más se pueda. Por eso, no trabajo en restaurantes, sino que por ahora elegí la docencia, consultorías y asesoramientos”.
Y Lau está en permanente actualización: estudiando, repasando conceptos, haciendo cursos y mirando las tendencias del vino en el mundo. Entre los libros que aconseja apunta: El Vino de André Dominé, la Escuela de vinos de Cordon Bleu, La Bullipedia del Vino y Wine Folly de Madeline Puckette, entre otros.
A propósito es autora del libro “El maravilloso mundo del vino”. Se trata del primer libro producido en el país que desarrolla la cultura del vino de una manera muy amplia y con un lenguaje sencillo. El libro cuenta el camino que transita la uva, desde la viña a la copa, pasando por maridajes, recomendaciones de guarda, servicio del vino, cepas, barricas, elaboración y mucho más.
Es bloguera. Cuenta con un espacio digital llamado laumalbec.com. También se formó como Bartender en el Instituto Gastronómico de las Américas (IGA) La Paz. Actualmente es Brand Ambassador de Campos de Solana.
Llegó a Bolivia el 2007. “Fernando, mi marido, quiso volver a su país. Y entonces decidimos cambiar los vientos”. Agrega que disfruta de la gastronomía boliviana. “La comida es genial, diversa y con ingredientes a los que no estaba acostumbrada, me gusta el fricasé, la sajta y el saice. Me costó el chuño y la tunta”.
Un capítulo aparte es la llajua. “En Argentina no tenemos picantes, lo que me llevó tiempo adaptarme, sin embargo, ahora me encantan los sabores nacidos de los ajíes”.
Su pasión es ser sommelier. Es su forma de estar y habitar la vida. Lo cual le trajo grandes satisfacciones, ya que pasó por varios roles de dicha disciplina, pero ante todo le permitió “abrir la cabeza al mundo”, conocer las diferentes culturas le enriqueció como persona.
Lau se siente feliz de acompañar el crecimiento de la industria vitivinícola. “Se avanzó en la cultura del vino, no sólo me refiero a tomarlos, sino en incorporarlos de forma saludable a la dieta diaria: pensar que si estoy por comer algo muy rico el vino es una buena compañía”.
En la actualidad, afirma, que se consiguió proyectar una nueva mirada sobre el vino boliviano, respecto al año 2007, cuando llegó al país. “Pudimos comunicar y ayudar a inspirar un sentimiento de orgullo por los vinos bolivianos, que además son de alta calidad y que no tienen nada que envidiar a otros países”.
Como en todo, resta seguir mejorando en formación, servicios profesionales y técnicos, “tenemos que lograr estandarizar los productos, que no sea una ruleta rusa la producción de cada año”. Lo que sí es un hecho incontrastable el posicionamiento que alcanzaron, “ahora ya los conocen y estamos felices por ello”, finaliza.