Javier Castellanos Zamora, te recibe en la sala de su casa, en el barrio El Molino. Te invita a tomar algo. Cuenta que viene de celebrar el cumpleaños a un amigo de siempre en Villa Abecia, Manuelito Baptista. La pasaron charlando, cantando, comiendo y riendo entre amigos de infancia. Javier tiene la afabilidad y carisma natural del hombre valluno del sur de Bolivia.
Combina dos pasiones. La economía y el turismo. Más de 30 años trasladando gente a distintos puntos. Conoce la ruta del vino como la palma de su mano. Y también sabe que piensa el turista y con qué expectativas retorna.
La consulta nace a partir de que la ruta del vino en Tarija ya alcanzó el clímax. Cuenta con reconocimiento, experiencia, calidad en el servicio, y otras variables que la posicionaron. Sin embargo, se encuentra en una planicie. Por eso tiene que dar nuevos pasos para renovarse.
Cuando un producto turístico se estaciona, ¿qué sucede?.
“Si la oferta de un destino va a ser siempre la misma corremos el riesgo de estancarnos. Es decir, cuando el turismo no se diversifica, el riesgo es que la demanda busque otros destinos, si siempre vamos a vender lo mismo”, reflexiona
“Nosotros iniciamos el turismo del vino partiendo de un concepto centrado en el turismo enológico, donde el eje de la visita giraba alrededor de la elaboración del vino, bodega y degustación. Cierto que nos abrió las puertas al turismo nacional, principalmente. Entonces este tipo de circuito se posicionó”.
A estas alturas de la vida es hora de hacer un giro. Remozar la oferta. Pasar de un turismo enológico a un enoturismo, afirma. “El enoturismo además de vender lo enológico, también vende lo cultural y ambiental. Es decir, que al vino tenemos que sumarle ahora la cultura, gastronomía, paisaje, ambiente y servicios complementarios”.
Remarca: “Hay que empezar a vender un destino remozado para que el turista repita la experiencia, con ofertas nuevas, otras actividades, además sobre todo garantizar la presencia de la cultura chapaca, gastronomía, herencia arquitectónica y tantas cosas más”.
Agrega que fortaleciendo la oferta actual se puede dar un salto inclusive a una oferta internacional muy atractiva. Por ejemplo, ponerse a pensar en el hospedaje en las bodegas, construir restaurantes, ofertar otro tipo de servicios como estadías de recolección, cosecha y permanencia en una viña. Tarija es un pueblo de artistas, se podría hacer eventos en las viñas, conciertos, ballets, cosas de esa naturaleza. “Esto también puede abrir puertas a familias y empresarios, a productores independientes de vino”.
“Pienso que no es difícil. Como operador turístico mi experiencia dice que podemos alcanzar una demanda de tipo internacional, pero con una visión más abarcadora y más integradora de lo que es Tarija”, enfatiza.
Recalca que la inversión privada es la llamada a moverse: operadores, prestadores de servicios privados, bodegas. “El Estado solo que acompañe a estas iniciativas de emprendimiento. Nos gustaría que canalicen inversiones”
Dice que ya estamos en condiciones de dar el salto. “Vamos por el buen camino. Tenemos un sector sólido. Las agencias, casi todas, tienen ya personal debidamente formado y generalmente los servicios posventa que hacemos después de un recorrido recibimos calificaciones buenas, la calidad del servicio que se brinda desde la operación hasta el servicio es excelente”.
Sin embargo, envía una voz de alerta. Se refiere a la desventaja competitiva respecto a otras ciudades, sobre todo por el transporte. “Para un cruceño cuando llega la hora de cotejar costos para su experiencia, su desplazamiento acaba costando igual que los servicios que va a pagar en el destino. Entonces el componente transporte encarece al producto turístico y eso nos hace perder competitividad. Como sabes el turismo ahora ha variado, ya no hay la vacación única y larga”, explica.
A veces el costo del transporte cuesta exactamente lo que cuesta un paquete de tres días y dos noches, incluido hotel, excursiones, pago al operador, hotel y gastronomía. “Bueno, este es un problema a resolver urgente. Y si a pesar de eso hay gente que viene, quiere decir que tenemos potencial, pero podríamos ser mucho más”.
Al final, recuerda, que la agencia VTB es pionera en turismo en Tarija, “Iniciamos nuestras operaciones el año 1994, fuimos los únicos que ofertamos el turismo enológico en nuestra provincia. Nos ha costado mucho inicialmente con las bodegas. Gracias a Dios hubo empresas que nos abrieron las puertas. A 30 años de servicio siempre firmes en el mercado, entusiasmados y apasionados”.