Tomarse un vinito

Facundo Gagliano
Facundo Gagliano

¿Es lo mismo tomar un vino que degustarlo o catarlo? La respuesta es un rotundo NO, NO ES LO MISMO y en esta oportunidad les voy a contar mis argumentos.

Muchas personas piensan o creen que para poder beber y disfrutar de “un buen vino” hay que ser un erudito en la materia, un conocedor ávido del brebaje de los dioses Dionisio y Baco, que se debe contar con la copa perfecta, los grados centígrados justos, sin hielo y mucho menos soda ya que estarían matando al vino y que hay que seguir religiosamente el protocolo de observar el vino en la copa y hacerlo girar en su interior, oler los aromas del mismo y enunciar cada uno de esos descriptores que se puedan percibir para luego incorporarlo en la boca y tras unos segundos de análisis, beberlo y ser feliz. Créame que si usted es una de esas personas se encuentra equivocada.

Podría decirles que hay dos formas de beber vino, una de las maneras es simplemente “tomarse un vino” y la otra sería degustar o catar un vino

Comenzaré por la última, y esta se refiere al análisis sensorial, y lo más objetivamente posible del vino, en el cual se debería contar con herramientas óptimas como la copa adecuada, un ambiente con buena iluminación,  temperatura controlada y libre de aromas extraños entre otros factores estandarizados como el entrenamiento y capacitación teórica del catador, con el fin de examinar las cualidades organolépticas del producto sin preocuparse en el disfrute.

Por mucho tiempo la misma industria del vino publicitó erróneamente un estatus de glamour y elitismo al vino, que muy lejos está de su esencia y nos hizo creer que ese análisis debía trasladarse a la mesa del consumidor.

Ahora tomarse un vinito sólo tiene un objetivo fundamental que es hacerte feliz, y cada uno es feliz a su manera y gustos. Algunos lo logran tratando de imitar lo enunciado anteriormente, pero otros no, y están perfectos cualquiera de las dos opciones.

Cada cual hace con su copa de vino lo que más le guste, no hay que mirar la copa ajena y solo preocuparse por la propia, por lo tanto si a x persona le gusta tomar vino puro, con soda, con hielo, en una copa, un vaso o en una taza y eso le genera felicidad ¿por qué decir que está mal? cuando sinceramente  no lo está, porqué atan a una persona a la hegemonía enófila si simplemente se está tomando un vinito, él o ella solo buscan ser felices y disfrutar de la más bella, noble y sana de todas las bebidas.

Lamentablemente, en los últimos años se alejó el vino de la mesa diaria de los argentinos, haciendo caer su consumo a niveles menores a 20 litros per cápita muy lejos de  esos 90 litros que se consumían por persona en Argentina en los años 60; está bien la calidad era otra pero el disfrute creo que también.

Recuerdo cuando era chico esos multitudinarios asados de domingo en alguna chacra de amigos de mi familia, en los cuales obviamente aparte del fogón, la parrilla, la cruz, la guitarra, los eternos partidos de truco y  las bochas, había un elemento que destacaba, la damajuana, ese botellón que contenía varios litros del bello vino que no se bebía en lujosas copas, sino que todo lo contrario, se bebía en vasos y encima todos distintos, de plástico, vidrio hasta acero inoxidable, ya que cada familia llevaba los suyos, y cada sorbo de vino, a pesar de sus diferentes formas de beberlo, puro o con hielo, soda incluso gaseosa, reflejaba la misma expresión de felicidad en los rostros de los consumidores y las historias, anécdotas, chistes y risas colmaban la tarde.

El vino tiene que volver a formar parte de la mesa diaria, y bien se sabe que una copita de vino al día hace bien, hasta hasta el gran René Favaloro lo recomendaba.

Si aún no bebés vino te invito a que lo descubras y busques el vino que te haga feliz, porque sépalo, hay un vino que lo va a hacer!. Si querés escribime que te ayudo con la búsqueda. Y si ya tomás vino, tómalo como más te guste, como más placer te genere, porque el vino es eso, es placer en estado líquido. Salud.

*Sommelier del restaurante Tinto Santa Cruz

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